Reliquias de Santa Filomena

Reliquias de Santa Filomena en nuestra parroquia
Reliquias de Santa Filomena en nuestra parroquia

 

Descubrimiento de la Tumba de Santa Filomena

E-eleganteL 2 DE MAYO DE 1802, por encargo especial del Papa Pío VII, se llevaron a cabo los trabajos de excavación de la catacumba de Santa Priscila, una de las más antiguas de Roma, que se remonta casi a los tiempos apostólicos. Los trabajadores estaban excavando en un remoto túnel, cuando uno de ellos escuchó un martillazo dado contra una superficie de cemento.

Es así como, por aparente casualidad, se descubrió un nicho en la muralla que nunca había sido abierto. Los operarios alumbraron con sus antorchas para ver si tenía algunas inscripciones… ¡Sí… las tenía! Era, con seguridad, la tumba de un mártir.

De acuerdo con los procedimientos, ellos tenían que parar los trabajos e informar a Monseñor Ponzetti, el guardián de los cementerios, el cual no demoró en llegar y fijó para el día siguiente la apertura del nicho. Era una tumba pequeña, de no más de un metro y medio de largo, cerrada con tres baldosas de terracota, sobre las cuales estaba escrito en color bermellón, aún brillante en latín:

Lápidas Filomena
PAX TECUM FILUMENA o sea: “LA PAZ ESTÉ CONTIGO, FILOMENA”

Entre las palabras, estaban unos símbolos, torpemente pintados: en la izquierda una ancla; en el centro unos látigos guarnecidos con bolitas de plomo en medio de tres flechas y una vara rematando en punta; y a la derecha, una palma entrelazada con un lirio. Todo esto representaba los diferentes géneros de tormentos que había padecido la santa mártir; su glorioso triunfo, era representado por la palma y el lirio.

El 25 de mayo de 1802, fueron removidas las lozas, la tumba fue abierta. Contenía pequeños huesos que no habían sufrido quebraduras; sin embargo, el cráneo estaba fracturado. En el cemento que cerraba la tumba, se encontraba incrustado un frasquito roto, con una sustancia, que al ser analizada, se comprobó que era sangre seca. Con eso, ya todo quedaba fuera de duda: era la tumba de un mártir. Los doctores y cirujanos convinieron que eran las reliquias de una niña de no más de 14 años de edad.

Estas fueron cuidadosamente selladas en una caja de madera revestida de cera, y llevadas a Roma, para ser guardadas en la Custodia General, hasta que el Papa diera permiso para exponerlas a la veneración de los fieles.

EL CURA DE MUGNANO BUSCA LAS RELIQUIAS DE UNA VIRGEN MÁRTIR

Las reliquias de Filomena, permanecieron desde 1802 en la Custodia General, hasta que en 1805, fueron llevadas a Mugnano, pequeña ciudad de la Diócesis de Nápoles. Son muy significativos los detalles de su traslado.

Mons. Francesco di Lucía
Mons. Francesco di Lucía

El Padre Francesco di Lucía, que atendía la parroquia de Mugnano, pequeña ciudad de la diócesis de Nápoles, fue invitado a acompañar a Roma al Padre Cesareo, para ser consagrado obispo.

El Padre Francesco se alegró mucho por la invitación de su amigo, ya que tenía la secreta esperanza de conseguir en Roma, las reliquias de una virgen mártir conocida, que le ayudara a convertir su parroquia, hasta ahora muy reacia.

Llegando a Roma, obtuvo pronto audiencia con el guardián de la Custodia General, Monseñor Ponzetti, y le expuso su deseo. Este, convencido por el devoto y humilde sacerdote, lo llevó donde estaban las reliquias, y le dijo que escogiera, entre las trece que se encontraban guardadas ahí.

Muy contento, Don Francesco investigó entre las reliquias de estos mártires. Sólo tres eran conocidos: una eran las de un niño, la segunda las de un adulto, y la tercera las de Filomena.

Cuando se detuvo delante de la caja que contenía los restos de Filomena, se llenó de gozo, como si la pequeña mártir le hiciera señas… y pensó que era, indudablemente, la intercesora que necesitaba.

El Obispo Guardián prometió entregarle dichas reliquias… Pero ¡qué desilusión! En lugar de remitírselas, el oficial se acercó a él y le dijo, que por ser tan pocos los cuerpos de mártires conocidos debían ser guardados para Iglesias o Diócesis especiales.

Grande fue su desaliento y tristeza… A ello agregó el calor sofocante de Roma… Con todo esto, Don Francesco perdió el sueño y el apetito. Y enfermó. Al verlo así y para confortarlo, un amigo le ofreció las reliquias de un mártir desconocido. Pero él le dijo: ”Será Filomena o nadie… ya que sólo ella podrá convertir a mi Parroquia”.

FILOMENA QUIERE IR A MUGNANO

Una noche, el Padre Francesco, se encontró ardiendo en fiebre y tan cansado, que prometió solemnemente a Filomena que si ella lo sanaba, sería la Patrona de Mugnano. En forma sorprendente la fiebre lo dejó enseguida, y entró en un refrescante sueño. la mañana siguiente, despertó en perfecta salud.

Muy decidido a lograr su objetivo se dirigió a su amigo, el Padre Cesareo, recién consagrado Obispo, y le pidió que usara su influencia para conseguir las reliquias deseadas. Cuando Monseñor Cesareo escuchó la historia, estuvo de acuerdo en que la santita parecía querer irse a Mugnano. Se sumó, pues, a la petición de Don Francesco y esta vez el Guardián accedió a su petición.

Extraordinaria fue la alegría que experimentó el Padre Francesco, cuando recibió la noticia.

Llenos de gozo, el buen Obispo y Don Francesco tomaron posesión del precioso cofre, decididos a llevar a Filomena a Nápoles. Entre muchas oraciones y honores, dispusieron, sin demora, que el cofre fuera puesto en el asiento de enfrente del carro episcopal.

Este fue el comienzo. Filomena había dado dos pequeñas y dulces pruebas de que quería ir a Mugnano. Era como si mostrara signos de haber despertado de su sueño de diecisiete siglos y medio.

FILOMENA SALE DE ROMA

Después de su largo silencio, ella estaba lista para volver a trabajar en este problemático mundo, empezando con nuevos milagros desde Mugnano.

En el último momento se le ocurrió a un servidor desplazar el cofre y, para mayor seguridad, amarrarlo debajo del asiento del Obispo. Este subió, se sentó y , repentinamente, se levantó enojado, retando al sirviente, porque el equipaje mal amarrado se había deslizado hacia adelante y había golpeado su pierna. A pesar de los cuidados del sirviente, el incidente se repitió dos veces más. Dijo el Obispo”¿Qué cosa has puesto allí y cómo la has puesto? ¡Si esta fuera mi valija, yo preferiría llevarla sobre mis rodillas todo el camino, que verme golpeado constantemente por ella! ¡Sácala fuera!”.

Era la pequeña caja conteniendo las reliquias. Al ver el Obispo que el hombre tenía dificultad para desplazar el cofre le dijo: “¿Tú sabes que es esto? Es la caja de unas reliquias. ¿No dije, acaso, que esto debe ser puesto cuidadosamente en el asiento de enfrente…?”

Cuando el coche estaba viajando sobre el camino empedrado, el Obispo recordando lo sucedido, comenzó a recapacitar, y se dio cuenta que los golpes no eran de una caja, sino de Filomena que había golpeado sus episcopales piernas.

El buen Obispo napolitano comprendió todo. Descubriendo su cabeza, se arrodilló en el coche y, humildemente, besó la caja de las reliquias pidiendo el perdón de Filomena. El viaje comenzó y continuó como una peregrinación, yendo Filomena delante de ellos. Llegaron a Nápoles al día siguiente.

LA PRIMERA IMÁGEN DE LA SANTA

Las reliquias fueron depositadas en una capilla privada de un rico y conocido publicista, don Antonio Terres. Ahí se modeló, a la manera napolitana, una figura de papel maché representando a la Santa. El resultado era desilusionante. Una mano sostenía una lila artificial y una hoja de palma, mientras la otra sostenía una flecha apuntando hacia el corazón de Filomena. Mientras se vestía la imagen, la fragancia de los más dulces perfumes llenó la casa de doña Angela, esposa del señor Terres.

Antes de emprender nuevamente el viaje y dejar la casa de los Terres, Filomena sanó a su empleada, de una enfermedad incurable que padecía desde hacía doce años.

Durante los tres días en los cuales las reliquias fueron expuestas en la Iglesia de San Angelo, Filomena no hizo ningún milagro. Los sacerdotes de aquel lugar confesaron a don Francesco haber determinado, que si ella obraba cualquier milagro, no la dejarían partir de ningún modo. Con eso don Francesco se convenció que Filomena quería estar en Mugnano y solamente ahí empezaría su trabajo.

El nueve de agosto se pusieron nuevamente en marcha, y al llegar a Cimitile, cerca de Nola, donde miles de cristianos habían sido martirizados por los emperadores romanos, la caja se puso tan pesada que parecía de plomo, imposible de llevar; tuvieron que dejarla en el suelo. Aunque hecha sólo de madera, al golpear en la tierra dio un ruido metálico, como de bronce, sonido que se extendió en todo el lugar. Era como el saludo de Filomena a aquellos, que como ella, habían dado su vida por Cristo.

El 10 de Agosto, nuevamente la caja se puso tan liviana como una pluma. Cuando don Francesco entró en el distrito de Mugnano, con el ambiente del sofocante calor del verano napolitano, Filomena dio un saludo mediante una refrescante y abundante lluvia. Al llegar a la ciudad, fueron saludados no sólo por los pobladores, sino también por grupos de aldeanos de los alrededores y por niños que ondeaban ramas de olivos.

Todos bailaban, lanzando sus sombreros yf pañuelos en el aire y gritando “¡Viva la Santa! ¡Viva la Santa!” Mientras la procesión del clero, que iba a escoltar a Filomena a la parroquia, se estaba formando afuera, la vista de la imagen de la Santa llenó los corazones con una alegría celestial. Muchos lloraban fuertemente, mientras otros, en jubilosos excesos exclamaban: “¡Oh, Paraíso! ¡Oh, Paraíso! ¡Oh, los maravillosos consuelos de Dios!”.

EMPEZÓ UNA LLUVIA DE MILAGROS

Al momento en que iban entrando las reliquias de la Santa en la Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia, una señora de la nobleza quien padecía de úlceras cancerosas y que estaba programada a la amputación de una pierna, se alivió completamente ese mismo día, esta curación está inscrita en el registro de milagros de esta iglesia. Posiblemente la más milagrosa intercesión de la Santa fue que precisamente cuando se echaron a vuelo las campanas de la iglesia para indicar la entrada de las reliquias, el paralítico del pueblo de nombre Angelo Bianchi, fue curado inmediatamente entrando por su propio pie a la iglesia gritando que había sido curado al oír repicar las campanas, atrayendo hacia él las miradas sorprendidas de los feligreses reunidos para la celebración.

La santas reliquias fueron expuestas a la veneración del público en el altar mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias. Y empezó una serie ininterrumpida de milagros asombrosos, que dieron a entender a aquellos felices habitantes que, con los preciosos restos de Santa Filomena habían adquirido una prodigiosa protectora, que sembraba por todas partes consuelo, sanaciones y alegría. Desde entonces, su devoción se extendió por toda la cristianidad.

Los milagros realizados en Mugnano, podrían llenar páginas y páginas; la misma imagen, realizada a prisa, en Nápoles, en la casa del Señor Terres, se había transformado completamente, sin que interviniera mano alguna.

Los peregrinos la miraban y no podían explicarse el atractivo de esta figura. Muchos fueron testigos de que Filomena abría y cerraba sus ojos cuando ellos se arrodillaban delante del altar, a orar ante ella. Mariana Masucci, se negó a creer tal cosa, diciendo: “Si ella muestra esas maravillas a otros, por qué no a mí”. En ese momento Filomena abrió sus ojos, miró severamente a Mariana y los cerró nuevamente.

La gran mística y vidente, la Beata Ana María Taigi, la ama de casa a quien incluso los Cardenales debían esperar a ser atendidos hasta que terminara de dar de comer a su esposo y familia, venían a verla por sus dones de profesía, era una gran devota de Santa Filomena y diariamente le rezaba, un poco antes de su muerte cuando su nieta Pipina se desprendió la pupila concluyendo los doctores que era incurable, la Beata Ana María mojó su dedo en el aceite de las lámparas que alumbran las reliquias de Santa Filomena y se lo aplicó al ojo herido de su nieta, quedando instantáneamente curada.

Igualmente una madre utilizó el aceite de las lámparas para aplicárselo a los ojos de una niña ciega, quedando curada al día siguiente.

Esto convirtió a Santa Filomena en una intercesora muy popular, por lo que llevó al Obispo Di Cesare a enviar por toda Italia como reliquia, el polvo de los huesos de Santa Filomena, sin embargo, por más que lo enviaba, éste no se agotaba, sorprendiendo sobremanera el Obispo, reportò este hecho al Vaticano, a la Congregación de los Ritos, mismo que realizaron una prueba enviando al mismo tiempo el polvo de los huesos de otro santo. Después de un tiempo, el polvo del otro santo se terminó, pero el de Santa Filomena, lejos de disminuir, al contrario, aumentó. Este milagro ocurrió precisamente ante la mirada de obispos y cardenales en el mismísimo Vaticano reconocido y pregonado por la Congregación de los Ritos.

PAULINA JARICOT, UNA MISIONERA LAICA

En medio de los incontables milagros de Santa Filomena, que es imposible relatar en esta biografía, uno de ellos vale la pena ser narrado por la importancia que tendrá en el futuro. Se trata de Paulina Jaricot, fundadora de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Paulina nació en Lyon (Francia), en 1799. Era la última de una familia de ocho hijos. Sus padres eran dueños de una empresa dedicada a la fabricación de seda. Pertenecían a la alta sociedad de Lyon.

De pequeña, Paulina se relaciona de muy buena gana con este ambiente burgués. Luciendo vestidos de moda, de baile en baile, nada parece indicar lo que sería su vida.

“Me decían que era guapa, y había que estar muerta para permanecer insensible a los halagos y zalamerías de los jóvenes que me rodeaban”, escribe Paulina.

A los 17 años, asiste al primer domingo de Cuaresma, vistiendo una elegante tenida de tafetán azul claro, almidonado, ricamente bordado en blanco, un sombrero de paja de Italia, adornado con rosas y llevando sus cabellos completamente rizados. Escuchando las palabras del sacerdote, que predica sobre las “ilusiones de la vanidad”, Paulina se reconoce en la imagen que dibuja el predicador.

De inmediato rompe con sus hábitos de lujo y riqueza. Una voz le dice con fuerza que no debe ser religiosa; se mantiene laica, pero muy comprometida con la iglesia y los pobres.

Con una sencillez admirable, inicia en 1818, la colecta de la“chaucha semanal”pidiéndole a los obreros de Lyon que donaran un centavo a la semana para las misiones, que daría a la iglesia la base económica de las misiones del siglo XIX, llegando a ser la fundadora de la Asociación por la Propagación de la Fe. Una enfermedad la obligó a suspender sus actividades y aprovechó para escribir el tratado: “El Infinito Amor de la Divina Eucaristía”.

Concibió también la idea del Rosario Viviente, que reunió rápidamente doscientos mil miembros*. En 1832, se enfermó de gravedad, tanto es así, que la creyeron a las puertas de la muerte. Es en estas circunstancias que algunos hermanos de la Orden de San Juan de Dios, recorriendo el país para recolectar donaciones en beneficio de los incurables, enfermos mentales y epilépticos pobres, llaman a la puerta de los Jaricot, que eran conocidos por su generosidad.

Al informarse de la grave enfermedad de la hija menor de esta familia, los hermanos invitan a los padres a confiar y pedir su sanación a Santa Filomena, que obra tantas maravillas.

Al oír eso, Paulina comenzó enseguida una novena a Santa Filomena… y su salud mejoró inmediatamente. Ya podía sentarse, dar algunos pasos, escribir… Pero, poco después, tuvo una recaída, y los doctores advirtieron a los padres, que podría morir en cualquier momento.

El último deseo de la enferma era ir con su familia a Mugnano, donde se veneraban las reliquias de la Santa.

PAULINA PEREGRINA A MUGNANO

Después de mucha oración, Paulina consultó con su médico sobre la posibilidad de una peregrinación. El doctor pensó que el sufrimiento había afectado su mente… Pero ella quería una respuesta enseguida… El doctor le contestó: “No hemos podido hacer nada para sanar su enfermedad- y dirigiéndose a sus familiares les dijo – Déjenla hacer la peregrinación… no irá lejos. Es demasiado para ella”. Es así como Paulina, acompañada de su capellán, una sirvienta y una amiga, emprendió su viaje, tendida en una camilla.

*Ver esta devoción.

Pálida, casi moribunda, llegó a Paray-le Monial. Pasó todo el día en la capilla de la Visitación, donde Jesús había revelado los secretos de su Sagrado Corazón a una humilde religiosa de la Visitación. Terminada la peregrinación, anunció a sus acompañantes que quería seguir a Roma, para recibir la bendición del Santo Padre y su aprobación para El Rosario Viviente.

Emprendieron, pues, la segunda etapa del viaje. Cuando se acercaron a los Alpes, donde debían pasar la frontera, tanto era su agotamiento, que parecía que iba a morir. Pero ¡no…! Se recuperó y ordenó continuar el viaje que duraría semanas. Esto ocurrió en abril de 1835. Todos los días asistía a Misa, hablaba muy poco y luchaba por conservar su fortaleza.

SERIA UN MILAGRO DE PRIMERA CLASE

Antes de llegar a Roma, tuvo un ataque al corazón, del que parecía imposible recuperarse; además ardía en fiebre.

Al llegar al convento del Sagrado Corazón, en Trinitá dei Monti donde se iban a alojar, estaba tan enferma, que el Papa Gregorio XVI al saber de su estado, de su heróica peregrinación, y conociendo su celo apostólico, vino a verla privadamente para darle su bendición, y le pidió que rogara por él, cuando llegara al cielo.

-”Sí, Santo Padre- le dijo Paulina – pero si al volver de Mugnano, voy a pie a Roma, completamente curada, ¿consideraría usted, la causa de Filomena?

-Sí, hija mía -replicó el Papa- porque ese sería, sin duda, un milagro de primera clase”… En realidad el Papa, condescendió con facilidad, porque estaba persuadido de que moriría luego.

Alentada y con esta promesa, Paulina, una vez más emprendió con valentía el viaje a Mugnano. Cuando llegaron a Nápoles, estaba tan débil, que ni siquiera podía hablar. Sus acompañantes quisieron detenerse, pero ella con el dedo indicó que había que seguir adelante. Cumplieron su último deseo, avanzando lentamente.. Llegaron a Mugnano el 8 de agosto de 1835, cuando todo el pueblo estaba alborotado por los preparativos para la festividad del 10.

La intención de Paulina Jaricot, no era obtener la sanación de su cuerpo, como lo podríamos creer, sino que quería obtener gracias para su alma y para sus asociaciones apostólicas. Al ver su moribunda apariencia, cuando la llevaron a la iglesia en su camilla, la gente pidió a Santa Filomena la sanación de esta heróica peregrina.

¿NOS ESCUCHAS FILOMENA?

Los exuberantes napolitanos empezaron a emplazar a la Santa, golpeando su altar, diciéndole:”¿Nos escuchas Filomena? Si no la sanas enseguida, no te rogaremos más! ¡No tendremos nada más que ver contigo! ¡Tanto peor para ti, gran santa, si no haces lo que te pedimos, porque mantendremos nuestra palabra!”. Gritaban tan fuerte, que si Filomena no estaba vencida, Paulina, sí lo estaba… Tuvieron que decir a los gritones que la enfermita les rogaba que oraran más bajo… pero nada sucedió, ni tampoco el día siguiente.

Llegó el día de la fiesta. En el momento de la comunión, Paulina, experimentó una temerosa angustia en su corazón, que latía como si fuera a romperse…, se desmayó del dolor, y parecía que estaba muerta. Sus acompañantes, esta vez perdieron toda esperanza, pero los napolitanos no dejaron de manifestar su impaciencia.

FILOMENA SANA A SU AMIGA

A esta altura, intentaron llevar a Paulina, fuera del templo, en su camilla, con sus ojos velados de muerte, pero ella, con un supremo esfuerzo, pudo señalar que deseaban que la dejaran donde estaba.

En aquel momento, lágrimas comenzaron a rodar bajo sus párpados, sus mejillas se sonrojaron, sus heladas manos y pies empezaron a sentir un nuevo calor, su alma que estaba en un estado de desolación, se llenó de una alegría del cielo… tanto es así que pensó que el cielo había comenzado. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba sanada.

Sin embargo se encontraba tan agotada y débil, tan emocionada por todo lo que había vivido, que no se atrevió a manifestar la menor señal, temiendo la reacción de triunfo emocional que podía despertar en la asamblea. En la tarde, después de la bendición al Santísimo, se sintió más fuerte…

No había ninguna duda del milagro. El Padre, Don Francesco, ya anciano, que conocía a Filomena desde hacía años, quiso comprobar por sí mismo la sanación.

La noticia se difundió, como reguero de pólvora: ¡la peregrina francesa caminaba, completamente sana!. Santa Filomena le había devuelto la salud, la fortaleza y el vigor de una nueva juventud. las campanas repicaron; todos los habitantes de Mugnano estaban alborotados, y Paulina era el centro del remolino de gratitud.

VUELTA A ROMA

Paulina inició el viaje de regreso a Roma, pidiendo permiso de que no se le avisara al Santo Padre de su curación. Cuando entró a los aposentos del Santo Padre sin ser anunciada, éste sorprendido exclamó : “eres tú o eres una aparición, ésta es realmente mi hija Paulina, o es su espíritu que se ha levantado de su tumba o es que realmente ha intercedido a tu favor la Santa Niña Mártir”

Cómo demostración de su curación el Santo Padre le pide a Paulina que corra por los pasillo del Vaticano, y tanto corrió que los mismos Cardenales le decían al Papa Santo Padre: los pasillos del Vaticano no se hicieron para correr, a lo que les contestó “si está viva entonces déjenla correr”Le pidió que permaneciera en la ciudad por un año, para que su sanación pudiera ser completamente investigada. Paulina obedeció. Durante su permanencia en el corazón de la Cristiandad, Paulina se puso más animosa y misionera que nunca.

El Papa mantuvo su promesa, y dio a Santa Filomena el título de “Patrona del Rosario Viviente”, que Paulina Jaricot había iniciado en Francia.

El 30 de enero de 1837, el Papa Gregorio XVI, instituyó una fiesta especial en honor de Santa Filomena, con una lectura propia insertada en el Breviario.

Más tarde, un oficio especial fue compuesto en honor de la Santa por orden del Papa Pío IX y, en 1862, se la coronó como: “Patrona de los Hijos de María”.

EL CULTO DE FILOMENA EN FRANCIA

Cuando Paulina Jaricot volvió a Francia, construyó en su propiedad una capilla en honor a Santa Filomena, que era una reproducción en miniatura de la Iglesia de Mugnano, la cual poco a poco se llenó de placas recordatorias, testificando los milagros obtenidos.

Estando en contacto con el Santo Párroco de Ars, Paulina compartió con él parte de las reliquias, que había traído de Mugnano. Este santo sacerdote fue rápidamente un fervoroso devoto de Filomena y le levantó un altar en su iglesia.

Por su heróica pobreza, penitencia, fe y caridad, el Santo Cura de Ars había transformado a su parroquia; allí realizaba grandes conversiones y milagros, en especial a través del Sacramento del Perdón… Para evitar el culto hacia su persona, decía que todas las maravillas que sucedían eran obra de Santa Filomena. A las personas que lo venían a ver, de todas partes del país, para confesarse o pedir consejos, les decía: “Vayan a Santa Filomena, cualquier cosa que le pidan, ella lo conseguirá de Dios”.

De hecho, no se puede negar que en varias oportunidades, Santa Filomena se manifestó en la vida del Santo Párroco de Ars, sanándolo a él y a algunos de sus feligreses.

Al inicio del trabajo sacerdotal de San Juan María de Vianney, mejor conocido como el Cura de Ars, enfermó gravemente de pulmonía doble , a grado tal de recibir la extremaunción, con su último aliento, el Cura de Ars pidió se celebrara una misa en honor a Santa Filomena pidiéndole su intercesión, y al día siguiente estaba completamente reestablecido. El Cura de Ars incluso llegó a declarar “Nunca le he pedido algo a Santa Filomena que no me lo haya cumplido”, se llegaron a contar en la Iglesia del Cura de Ars 14 milagros por semana por su intercesión.

Otro milagro en la iglesia del Cura de Ars a través de Santa Filomena se le otorgó a un niño mudo y paralítico. Sus padres llevaron al niño a ver al Santo Cura de Ars y al parase en el atrio de la iglesia, el Cura deteniendo su clase de catecismo les dijo: “pobres hijos míos, vienen de tan lejos para buscar algo que tienen en casa, su fe es muy grande”. Al terminar su clase, el Cura les pidió que se arrodillaran ante la imagen de Santa Filomena y que le pidieran la intercesión de la Virgen María. De pronto se escuchó un gran ruido de sillas rechinando contra el piso: el padre se había desmayado al escuchar decir a su hijo mudo desde nacimiento: “es bella, es bella”, y el niño desde ese momento quedó curado de todas sus enfermedades.

Santa Filomena escogió a su campeón en la figura de su sacerdote desparpajado de un pequeño pueblo que tenía corazón de niño pero valiente como ella para ayudarlo a cumplir sus deberes y proteger su humanidad al preservarlo de conocer sus propios poderes de intercesión ante el Señor.

Es evidente, que Filomena y el Santo Párroco de Ars, formaban una dupla maravillosa, y eso favoreció también, el culto de la pequeña mártir.

FILOMENA REVELA SU VIDA A UNA RELIGIOSA

La fuente principal que nos permite conocer mejor a Santa Filomena, se la debemos a una religiosa de Nápoles, llamada sor María Luisa de Jesús, de la Orden Tercera de Santo Domingo y Fundadora de las Oblatas de Nuestra Señora de los Dolores. Esta religiosa de 34 años, tenía una gran devoción a Santa Filomena, y había puesto bajo su protección el Instituto que había fundado para la educación cristiana de las niñas pobres.

En diversas ocasiones, Santa Filomena le había dado muestras sensibles de su protección, librándola de algunas penosas tentaciones de desconfianza y de impureza, con que el Señor la había querido probar y purificar.

El 3 de agosto de 1832 la Madre María Luisa estaba arrodillada delante de la estatua de Santa Filomena, haciendo su acción de gracias después de la Comunión; de repente, sintió un gran deseo de conocer el verdadero día de su martirio, porque el 10 de agosto, en que se celebraba a esta Santa, no era sino el día en que trasladaron sus reliquias a Mugnano, donde son conservadas y veneradas.

De repente se sintió movida a cerrar sus ojos y oyó una suave y graciosa voz que venía de la imagen, que le decía: “Querida hermana, el 10 de agosto fue el día de mi descanso, mi triunfo, mi nacimiento en el Cielo, mi entrada en la posesión de tales bienes celestiales, que la mente humana no puede siquiera imaginar. Es por eso que mi celestial Esposo dispuso que mi llegada a Mugnano se realizara en la misma fecha en que yo entré en el cielo, y lo había dispuesto todo para que esta llegada fuera gloriosa y triunfante. Toda la gente estaba alborotada, aún cuando el sacerdote que me llevó, había determinado que mi traslado debía realizarse a su propia casa el día 5 de agosto. Mi Omnipotente Esposo lo impidió con tantos obstáculos, que el sacerdote, aunque hizo todo lo posible para llevar a cabo su plan, no pudo hacerlo. Mi traslado fue hecho el día 10, aniversario de mi fiesta en el Cielo“.

EL CURA DE MUGNANO, CONFIRMA LOS HECHOS

Cuando la Madre María Luisa tomó conciencia del acontecimiento, se llenó de estupor, porque pensaba que había caído en una ilusión. Su primera reacción fue ir a ver a su director espiritual y contarle en Confesión todo lo que le había ocurrido.

Conociéndola como una persona equilibrada y llena de sabiduría, su confesor escribió a don Francesco, párroco de Mugnano, para averiguar la autenticidad de los hechos.

A pesar de que habían pasado 26 años, el sacerdote recordaba perfectamente los obstáculos que había encontrado para traer rápidamente, según sus deseos, las reliquias desde Roma; estos atrasos permitieron providencialmente que la entronización se hiciera solamente el día 10 de agosto, fecha de su triunfo en el martirio.

Estas informaciones, dieron confianza al confesor, y le pidió a la religiosa que preguntara a Santa Filomena mayores detalles sobre su vida y martirio. La Madre obedeció, se acercó a la imagen de Santa Filomena, le rogó que le perdonara su atrevimiento e indignidad y le pidió con toda humildad que le revelara algo de su vida y martirio, según se lo había solicitado su confesor. …ver más sobre Santa FilomenaPalma-del-Martirio

One Comment on “Reliquias de Santa Filomena

  1. Nadamas para darle las gracias a Santa Filomena por el milagro que me hizo, que mi papa dejara de fumar porque tiene eficema pulmonar y no podia dejar el cigarro yo le pedi con mucha fe y me senti muy contenta porque mi papa dejo de fumar el 13 de Marzo del 2015 y ya tiene 3 meses de no fumar el no podia dejar el cigarro era un fumador de 50años fumando …..GRACIAS SANTA FILOMENA.

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